El 18 de abril fue el día en que Nicaragua cambió de la noche a la mañana y, por ende, mi vida. El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, anunció que iba a aumentar las contribuciones de trabajadores y empresarios e imponer una retención del 5% a los jubilados.

Esta era una medida que iba a afectar de manera negativa a un grupo social que ya había sido suficientemente perjudicado por la mala administración y escasos recursos del gobierno.

Al anunciar estas medidas drásticas, la población decidió salir a las calles a protestar. Los manifestantes fueron atacados violentamente por el gobierno de Daniel Ortega y sus grupos parapoliciales, los cuales causaron la muerte de varios, incluyendo un estudiante de 14 años.

Tras cuatro días consecutivos de protestas y varias muertes, el presidente anunció que iba a retirar la reforma. Sin embargo, ya era muy tarde. No era posible olvidar a todos los muertos, presos políticos y víctimas de la represión.

Ese 22 de abril fue el día en que me di cuenta que la situación de mi país iba para largo y que esto solo era el comienzo. Daniel Ortega lleva 11 años en el poder. Durante esos años hemos pasado por fraudes electorales y un gobierno corrupto.

En estos últimos meses, mi vida y todo a mi alrededor ha cambiado. Algunos de mis amigos se tuvieron que ir del país ya que cada día está más peligroso salir a las calles.

La población tiene que estar en sus casas a las seis de la tarde todos los días o corren el riesgo de ser atacados por fuerzas parapoliciales. La economía del país decae más cada día, dejando a miles sin empleo.

Extraño poder salir a la calle hasta la hora que yo quiera. Poder ir a casa de mis amigas o familiares. Poder ir a cenar a un restaurante sin tener la preocupación que algo me pase en el camino. Lo que se me hace más difícil es estar en la universidad y estar tan lejos de mi país cuando está pasando por tanto.

Me preocupo todos los días al pensar en el bienestar de mi familia y amigos que siguen en el país, sabiendo que su seguridad constantemente corre peligro.

Mi país bello y maravilloso se volvió la escena de mi peor pesadilla. Quiero mi vida devuelta, siento que me la han robado. Quiero poder regresar a mi país y tener esa sensación de hogar. No tener la sensación de melancolía y miedo.

Esto ha sido muy fuerte para un montón de gente, pero yo se que de esta vamos a salir. Admiro tanto a todas esas personas que están luchando el día de hoy para poder sacar a Nicaragua adelante. Yo se que pronto Nicaragua estará libre. Pero por ahora, hay que luchar por nuestro país.

¡Nicaragua volverá a ser Republica!